“LA SALUD DEL SUELO ES FUNDAMENTAL PARA LA VIDA DE LAS PERSONAS”.

 

Rattan Lal, ganador del Premio Mundial de la Alimentación, alentó a invertir en Agricultura.

 

El doctor Rattan Lal formó parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático que ganó el Nobel de Paz 2007; primer investigador distinguido en Japón por su aporte a la biología, producción y ecología, otorgado por el emperador Akihito y la emperatriz Michiko, y nominado por Thomson Reuters como una de las mentes científicas más influyentes del mundo.

 

El pasado 11 de junio fue designado ganador del Premio Mundial de la Alimentación 2020 (World Food Prize 2020), un reconocimiento que ha sido asimilado como el ‘Nobel’ del sector agrario mundial. Este galardón reconoce la importancia de proteger y aumentar el capital del recurso suelo del mundo.

En este sentido, la estrategia diseñada por Rattan Lal habla de la necesidad de aumentar, restaurar y mejorar la calidad del medioambiente. Su objetivo, centrado en el suelo, es convertir a la agricultura en una solución al cambio climático y a otros problemas medioambientales, además de lograr la seguridad alimentaria y nutricional.

 

“Cuando la salud del suelo se degrada, la salud de las personas también se degrada”, afirma el ganador de la máximo distinción el Alimentación. Para Lal, la salud del suelo afecta la salud de las plantas. Cuando la gente consume productos vegetales cultivados en suelos degradados, es posible que les falten micronutrientes, proteínas y vitaminas, lo que hace a la comida cualitativamente pobre. Por otro lado, el suelo afecta también la calidad del agua que lo atraviesa, e impacta en la del aire, por la erosión, por las tormentas de polvo y por la emisión de gases de efecto invernadero y de otros compuestos volátiles. Por todo eso “la salud del suelo, de los animales, de la gente y del medio ambiente están interconectadas, así que, si la salud del suelo se deteriora, también se deteriora la del ambiente y la de la gente” advierte el investigador.

 

Para lograr este equilibrio en América del Sur y Central, Rattan Lal explicó que “los agricultores de esta región son buenos administradores del suelo y los recursos naturales. El antiguo patrimonio cultural (mayas, aztecas e incas, entre otros) se basaba en buenas prácticas agrícolas, por lo tanto, motivarlos a adoptar prácticas regenerativas estaría en concordancia con su cultura ancestral”.

 

Entre estas prácticas se incluyen la agricultura de conservación basada en la labranza cero, la retención del mantillo de residuos de la cosecha, el reciclaje y el uso de la gestión integrada de los nutrientes y la integración de los cultivos en la producción de árboles y la ganadería.

 

Todo lo que se extrae del suelo debe ser devuelto entiende Rattan Lal, haciendo referencia a lo que él denomina “Ley del retorno”. “No se puede extraer nitrógeno, fósforo, potasio y materia orgánica a través del cultivo si no lo devolvemos luego. Eventualmente, si no restituimos nada, el suelo tiene un presupuesto nutricional negativo y su calidad se degrada. La salud del suelo depende de la salud de los organismos que lo conforman (hormigas, hongos, bacterias). En un suelo saludable, esos organismos constituyen cerca de cinco toneladas de biomasa viviente. Si no se devuelve ninguna materia orgánica, ningún residuo de la cosecha, esos organismos no tienen comida y mueren, lo que afecta la calidad del suelo” sentenció el científico.

 

Para explicar de qué manera lograrlo, el profesor indio afirmó que “se debe restituir al suelo lo extraído, se toman los granos, las raíces y la biomasa que no se usa, y se lo devuelve. Fuera de temporada, se planta un cultivo de cobertura, que puede ser leguminoso, y que produce más biomasa, reteniendo nitrógeno de la atmósfera y liberando ciertos nutrientes del subsuelo sobre la superficie. También se puede depositar compost de materia orgánica, de material reciclado. Hay muchas maneras a través de las cuales es posible devolver casi la misma cantidad de lo que extraemos, a veces, incluso más”.

 

“Esta ley supone optimizar la producción al mismo tiempo que se restaura el medio ambiente. Es económica, ambiental, social y culturalmente sustentable. Pero hay que hacerla bien, eso es lo más importante. En América Latina, en Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, México, o en Estados Unidos y Canadá, hay muchos agricultores que hacen las cosas muy bien. Usan cultivos de cobertura y regresan la biomasa. El problema es con los agricultores más pobres, que tienen tierras pequeñas, que extraen todo de la tierra y como no pueden comprar ningún químico, como fertilizantes, tienen que vender los residuos de los cultivos. Esto se da en el Caribe y en Centroamérica, en Honduras, Guatemala, Belice y Nicaragua” explicó detalladamente Lal.

 

Para el premio Nobel al Agro, la agricultura es el motor del desarrollo económico. “Cuando la calidad del agua es pobre, porque la agricultura es mala y se quema biomasa o se esparcen pesticidas, la salud de las personas se ve afectada. Descuidar la agricultura es un grave error” e insistió en la necesidad de invertir en el sector. “Debemos respetar a los productores y a los profesionales de la agricultura, y debemos alentar a los más jóvenes, a los más lúcidos y a los más brillantes a trabajar en profesiones agrícolas. Ese es el futuro de la humanidad”.

 

“Necesitamos un cambio de paradigma y la agricultura debe ser parte de la solución, destacó. “La revolución verde del siglo XXI debe basarse en la resiliencia del suelo y los ecosistemas, ser impulsada por la ciencia y el conocimiento. Los agro ecosistemas del futuro deben ser multifuncionales, biodiversos, restaurativos y holísticos. El trabajo de agrónomos, geólogos, genetistas, etc.es fundamental, así como la integración de prácticas como la siembra directa, los cultivos de cobertura o de servicios, la ganadería y la agro forestación”, finalizó el recientemente nombrado Embajador de Buena Voluntad.

 

Científico.

Profesor indio.

Embajador de buena voluntad.